jueves, 19 de febrero de 2009

Triste felicidad

Orson Welles era por aquel entonces el “enfant terrible” de Hollywood y estaba considerado como un genio extravagante. Rita Hayworth era la mujer más sexy y adorada del firmamento cinematográfico. Orson vio una foto de Rita en Life y quedó tan fascinado que dijo que tenía que buscar y casarse con esa mujer. Organizó una fiesta en su casa sólo para poder conocerla. Orson quedó muy sorprendido, “Toda aquella imagen perversa, en plan Gilda, era completamente falsa. Era un papel, una interpretación total; como Lon Chaney haciendo de hombre lobo. Nada que ver con ella. Su erotismo era de otra clase. Aquello lo hacía bien porque le corría la sangre gitana por las venas. Pero su cualidad básica era la dulzura. Poseía una esencia riquísima, muy interesante y a la vez el polo opuesto de lo que suelen ser las estrellas del cine.” Pero a Orson le costó conquistarla, “No cogía el teléfono, no quería hablar conmigo. ¡Nada!. Estaba harta de los tipos de Hollywood que le iban detrás, y hacía bien. Pero yo no tenía la intención de renunciar. Por eso lo conseguí. Porque fui perseverante” Y así se inició un romance que se tradujo en boda en 1943, pero que fue un auténtico combate de boxeo por el choque tremendo de sus dos fuertes personalidades: si el carácter de Orson era difícil, el de Rita no le iba a la zaga. Además, estaba continuamente infeliz y atormentada consigo misma como confesó años más tarde Orson Welles, “La habían obligado a ocupar una posición que no la gustaba nada. Así no quería ser estrella. Ser una estrella célebre no le deparaba ni un solo momento de placer. No le gustaba ser Rita Hayworth. No creía en ello. No era una pose, pensaba así de verdad. Quería huir de Rita Hayworth pero no podía hacerlo, tenía que ganarse el sustento”. Después de tres años tormentosos de matrimonio, varias separaciones, intentos de reconciliación y todo tipo de discusiones, Orson y Rita se divorciaron en 1948. Años después, cuando se encontraron, Rita le dijo a Orson, “¿Sabes?, la única felicidad que he tenido en la vida ha sido contigo”. Welles se sintió culpable y triste y comentaría años más tarde su célebre frase, “Si aquello fue felicidad, como habrá sido el resto de su vida..."

Para saber más os recomiendo el libro: Barbara Leaming. “Si aquello fue felicidad... (La vida de Rita Hayworth)”. Fábula Tusquets Editores. 1989.


Rita Hayworth y Orson Welles en La dama de Shanghai
(The Lady from Shanghai, Orson Welles, 1948)



Video de UQBAR8

5 comentarios:

Vivian dijo...

Triste, muy triste… Otro juguete roto de Hollywood. Al menos siempre nos quedará “La Dama de Shanghai”, como recuerdo de una unión abocada al fracaso. Curiosamente, una de las películas de Welles que más me gustan, a pesar del corta y pega de los productores...

Un saludo

Mr.Ripley dijo...

Un peliculón, y vaya pareja, tenían tanta química en pantalla como fuera de ella...

Saludos cinéfilos Vivian

Pedro dijo...

Qué extraña belleza la de esta mujer... Y ese ligerísimo estrabismo en el ojo derecho hacía su mirada aún más profunda y misteriosa. Algo así le pasaba a Marylin Monroe. Otra muestra más de q la belleza no siempre está en la perfección.

En cuanto a Orson Wells... Vi "Ciudadano Kane" cuando ya tenía 39 años. Eso sí, la vi cuatro veces, seguidas. Inconmensurable. Sigo pensando q tienes uno de los mejores blogs de cine. Ah, no soy Pedro, soy Ana :-), compartimos la cuenta de ABsurdilandia. Él escribe y yo me dedico a los detalles digamos "técnicos". Y a bucear en la web a la búsqueda de tesoros escondidos como tu sitio.
Un saludo muy cordial (te visito a menudo aunque no siempre tenga tiempo de dejar comentarios).

Ana

Mr.Ripley dijo...

Muchas gracias Ana, da gusto tener un blog sólo por recibir visitas y comentarios como los tuyos... :-)

C.C.Buxter dijo...

Pues sí, una pena la vida de Rita Hayworth, sobre todo esos momentos finales, con la terrible enfermedad que padeció...

Uno de mis "momentos" cinéfilos es sin duda aquél en el que Glenn Ford, en "Gilda", se despierta en mitad de la noche, escuchando de fondo la melodiosa voz de Gilda. Y al levantarse, contempla a una Gilda tocando la guitarra y cantando "Put the blame on Mame", mientras le mira embobado el empleado del casino. Ah, el cine...